Son los pasos de este muerto huellas de un ausente, de un fantasma, de una sombra.
Son piedras afiladas las que hieren, en el camino que transcurre este ser que ama desesperadamente.
Y es la desesperación una jaula llena de flores, y de risas. Se está atrapado como un muñeco que aparenta no sentir dolor alguno.
Y es la desesperación una jaula llena de flores, y de risas. Se está atrapado como un muñeco que aparenta no sentir dolor alguno.
Es la muerte del que ama, un viaje lento, un camino largo. Uno ni siquiera va dejando de amar, sólo muere cuando el corazón ya no encuentra sentido alguno.
Todo se detiene. Y es cuando se muere.
Todo se detiene. Y es cuando se muere.
Son los versos del amante una despedida anunciada, de un viaje que nunca emprende. El que ama nunca se va, se queda aferrado a aquello que quiere.
Uno se va ahogando en la ausencia del que olvida, del ser que fragua el asesinato.
Pero es más culpable el que ama, que el que va dejando de amar.
Porque es el que muere de amor el asesino.
Pero es más culpable el que ama, que el que va dejando de amar.
Porque es el que muere de amor el asesino.
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