Defino como cascada esos rizos que besan su cuello mientras acarician sus hombros con un afán desenfrenado por llegar a su espalda, ajenos a que bajo ellos se haya un lienzo con puntos dispares que enreda todo su cuerpo.
Ignoro los motivos de tan exultante belleza, y me encuentro forzado en culpar a sus ojos por tal flagrante delito.
Se menciona deliberadamente una sonrisa usada de arma, mas las víctimas desconocen el paradero de la misma, acusando que el victimario la resguarda con sumo recelo.
Resulta confuso que nadie haya intentado huir, a pesar de que siguen atrapados.
Cabe mencionar que la culpable aduce inocencia mientras su mirada nos mata.
No muestra piedad.
Escapa. Y nosotros con ella.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Delito flagrante.
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