Hay días en que las sillas hablan
y de tanto hablar
se convierten en tus amigas.
Y al conversar muchos temas con ellas
te das cuenta cuánto tiempo has perdido.
Miras a tu alrededor y observas
cómo las piedras te saludan con las manos
te hace pensar cuántas manos
puede llegar a tener una piedra
y si miras a la esquina de tu casa
no dejas de pensar cuántas esquinas
pueden haber.
Pero de repente reaccionas
y crees encontrar una piedra
en cada esquina.
Y cuando quieres volver para saludar a tu amiga
te das cuenta de que estas sentado sobre ella.
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