viernes, 28 de octubre de 2011

Cuento historias, sin haber vivido ninguna.

Esta vez hablaré de aquel camino, ese que recorría al caminante.
Así se conocieron, ambos pasajeros sin destino, así llegaron a extrañar, sin poder olvidarse.

Es que conocerse, realmente es saber de la existencia de ambos; a veces uno conoce aquello que no percibe.
El viento no sabe que le hablamos, ni el árbol que jugamos en sus ramas.

Que alguien se explique por qué necesita conocerse, ¿acaso con ser no le basta?
No somos quienes buscamos el sentido, somos quienes caminan en busca de lugares.

Distinto aquello que todos entienden, y aquello incomprensible, por nadie visto.
Dónde quedó aquel lugar distante, ese donde las piedras flotaban sobre el río.

Les cuento una historia distinta, una más, que yo no he vivido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario