Así se conocieron, ambos pasajeros sin destino, así llegaron
a extrañar, sin poder olvidarse.
Es que conocerse, realmente es saber de la existencia de
ambos; a veces uno conoce aquello que no percibe.
El viento no sabe que le hablamos, ni el árbol que jugamos
en sus ramas.
Que alguien se explique por qué necesita conocerse, ¿acaso
con ser no le basta?
No somos quienes buscamos el sentido, somos quienes caminan
en busca de lugares.
Distinto aquello que todos entienden, y aquello
incomprensible, por nadie visto.
Dónde quedó aquel lugar distante, ese donde las piedras
flotaban sobre el río.
Les cuento una historia distinta, una más, que yo no he
vivido.